miércoles, 1 de junio de 2011

Todo depende de ti

El fragmento que dejo a continuación es de uno de mis libros favoritos, lo encontrarán bajo el título Las Relaciones que funcionan en el Cap.5 del libro "El Buda en Tu Espejo   " de W.Hochswender, G.Martín, T.Morino. 

Cuando se habla de transformaciones en la forma de vivir, expresarse, desarrollarse, crecer; existe una tendencia a ver el proceso complicado con un tránsito en el que se hace difícil acoplarse. En ocasiones tendemos a buscar en nuestro entorno las personas o circunstancias que impiden nuestro avance sin estar conscientes que somos nosotros los únicos responsables de la dirección que tomamos en la vida. 

Este actuar nos lleva a experimentar relaciones complejas basadas en lo que reflejamos en otros, deseamos cambiar, transformarnos y pensamos que cambiando a nuestro hermano lo lograremos, cuando el verdadero camino comienza por cada uno de nosotros.

El Buda en Tu Espejo nos enfrenta a nuestro mejor amigo o peor enemigo, nosotros mismos... Disfruten el momento con el corazón abierto!!! Abrazos!!
 
"El hecho de experimentar una relación de un modo positivo o negativo depende de ti de tus propias creencias y actitudes. Al principio puede resultar difícil aceptar esta idea. Pero para desarrollar unas buenas relaciones primero debes aceptar toda la responsabilidad de tu vida y el papel que desempeñas en estas relaciones.

"Es difícil volar como un águila cuando estás rodeado de pavos", reza un conocido refrán. El budismo enseña que el entorno de cada uno refleja su estado vital. Sugiere que si estás rodeado de pavos, es muy posible que en lugar de un águila pienses que, en realidad, eres un pavo. Y, por extensión, tu entorno es una granja de pavos. Ahora bien, el problema no es que los pavos que te rodean te impidan volar, sino que tú debes transformarte en el águila que deseas ser.

Como cada uno de nosotros es, al nivel más básico, un Buda, no tenemos ningún problema. No somos impuros ni estamos viciados. Lo que está viciado es nuestra mente, que no está iluminada. Pero no significa que la víctima tenga la culpa. Evidentemente, hay gente que se porta mal, haciéndote sufrir a ti o a otros. Sin embargo, no somos responsables del comportamiento de los demás, sino sólo de nosotros mismos. Cuando entiendas esto, te darás cuenta de que esta idea resulta liberadora: Como controlamos las elecciones que hacemos en nuestra propia vida, tenemos capacidad para hacer algo con aquellas relaciones que no nos llenan.
 
Nichiren enseñaba que el sufrimiento surge por "buscar fuera de nosotros" la causa o la solución a los problemas. El hecho de que seas tú quien sufre significa que es tu problema, y tú y nadie más que tú eres quien debe solucionarlo. Si esperas que otros cambien, puedes esperar mucho tiempo. Y sin embargo la gente hace extraordinarios esfuerzos por modificar el comportamiento de los demás para hacer que funcionen las relaciones. Pero al final esto es tan inútil como limpiar el espejo para limpiarte la cara. El espejo seguirá reflejando la misma imagen.
 
Mediante la práctica budista, empezamos a vernos mejor, quizás por primera vez en nuestra vida, con todos nuestros puntos débiles y fuertes. Día tras día, alcanzamos una comprensión cada vez más lúcida (aunque son muy comunes los momentos fugaces de auto comprensión repentinos e intensos) de que las relaciones que hemos entablado son el reflejo de nuestro propio estado vital. Es entonces cuando podemos embarcarnos en el proceso uniforme y duradero de desarrollar nuestra sabiduría y nuestra capacidad como seres humanos.

La clave para transformar las relaciones se basa en el proceso de transformarnos nosotros mismos. Como la única persona cuyo comportamiento controlas eres tú mismo, utiliza ese poder al máximo. Trabaja de dentro hacia fuera.
 
El budismo enseña que el origen de las actitudes o creencias falsas sobre uno mismo y los demás, que llevan a la miseria y el sufrimiento, puede encontrarse en los "tres venenos": la avaricia, la ira y la insensatez.
 

Concretamente, la ira, el veneno formado a partes iguales por arrogancia y egocentrismo, destruye las relaciones. El veneno de la ira provoca inevitablemente discusiones y conflictos entre la gente, ya sean individuos, grupos o naciones. La guerra tiene sus raíces en el veneno de la ira.

El budismo llama al yo envenenado, al egoísta arrogante y preocupado por sí mismo que todos llevamos dentro, el yo inferior. El propósito fundamental de la práctica budista es manifestar un Yo Superior o Verdadero. La comprensión del propósito de las relaciones y la purificación personal de los tres venenos van de la mano."


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